DePsicoterapias.com

     


Para los que hemos vivido en la segunda mitad del siglo XX y principios de este nuevo siglo, la biotecnología, y la ciencia médica en general aparecen como un gran escudo protector. De alguna manera nos han alejado de las enfermedades mortales, alargando nuestras posibilidades de vida. Han hecho que podamos prever enfermedades cardiológicas y vasculares, que podamos luchar contra el cáncer, viviendo vidas que en otros momentos hubieran sido impensables. A partir de ellas hemos logrado un control real y efectivo sobre gran parte de las enfermedades que afectan a la mayoría de los humanos.
Esto se ha visto también reflejado en el campo sexológico y en la práctica clínica. Como impacto directo de los conocimientos fisiológicos, médicos y clínicos, en los últimos años la sexualidad masculina ha sido favorecida por la implementación y el uso de diferentes drogas sexuales entre las cuales el punto de máxima eficacia es el uso del sildenafil.
Para el mundo sexológico es muy claro que la aparición de las mágicas píldoras, capaces de erectar alicaídos falos, marcan un punto de no retorno para la clínica de los problemas sexuales masculinos. Es evidente que cumplen con un pedido del consultante varón muchas veces explícito en la consulta y que todo sexólogo ha escuchado. La sexualidad masculina consiguió su píldora mágica y la industria farmacéutica un éxito económico sin precedentes.

Envalentonados por el éxito, pero por sobre todo, por las ganancias económicas, los cañones de la industria farmacéutica apuntan desde hace seis años al otro componente de la dupla, las mujeres.
Con ese objetivo, centros de investigación de EE UU y de otros lugares de Europa han contado con fondos para estudiar la sexualidad femenina, en su mayoría  proporcionados por la industria farmacéutica. Como ejemplo: Kinsey Institute, recibió financiación de Eli, Lilly & Company y Pfizer financió estudios efectuados en Columbia Británica, Europa, Australia y Gran Bretaña. (1)
Es importante tener en cuenta que desde el arribo del sildenafil (Viagra) en 1998, mas de 17 millones de hombres han sido recetados con esta droga para el tratamiento de las disfunciones eréctiles.
Pfizer reporta ventas en el año 2001, por 1,5 billones de dólares, mientras que drogas semejantes comercializadas por Bayer y Lilly esperan ventas superiores al billón de dólares cada una. (Ray Moynihan, 2003). (2)
Para que pueda existir un mercado similar de medicamentos para las mujeres, los laboratorios requieren de diagnósticos médicos precisos para facilitar y efectuar pruebas clínicas. Con ese objetivo durante los últimos seis años, la industria farmacéutica ha financiado meetings, conferencias, congresos e investigaciones relacionados con el ámbito de la sexología.  

En mayo de 1997, médicos clínicos, investigadores y representantes de los laboratorios se reunieron en Cape Cod para discutir la futura dirección de las pruebas clínicas en esta área, mencionando una expandida falta de acuerdo sobre la definición de las disfunciones sexuales femeninas (2). Comentando esta reunión, Raymond Rosen dijo "La reunión, a la que sólo se accedía por estricta invitación, estuvo absolutamente financiado por compañías farmacéuticas". En la publicación de las presentaciones y discusiones del encuentro se menciono el auspicio de nueve laboratorios.
Unos meses mas tarde se realizo en Boston, en Octubre de 1998, una conferencia internacional para desarrollar un consenso sobre las disfunciones sexuales femeninas (3). Los participantes de este evento multidisciplinario fueron seleccionados por un grupo de la American Foundation for Urologic Disease en base a su capacidad en investigación o en clínica y a sus posiciones como "líderes del pensamiento". A partir de los sistemas de clasificación existentes, incluso el DSM IV, los participantes establecieron una nueva definición y clasificación de los trastornos del deseo, de la excitación, del orgasmo, y de la dispareunia para ser usada en "los escenarios de la salud física y mental”. Curiosamente, este evento fue apoyado por ocho laboratorios, demostrándose que 18 de los 19 autores de la nueva definición tenían intereses financieros u otro tipo de relaciones con 22 laboratorios.
En octubre de 1999, se realizó en Boston la conferencia "Nuevas  Perspectivas en el Manejo de la Disfunción Sexual Femenina", cuyo propósito era proporcionar una reunión anual para intercambiar y debatir los actuales puntos de vista sobre la función sexual femenina y sus disfunciones. A esta primera conferencia concurrieron 461 participantes de 21 países diferentes.
Es interesante destacar que más de la mitad de la audiencia pertenecía a la industria farmacéutica  y que de las 33 presentaciones breves y de los 51 pósters presentados, cerca del 25% fueron realizados por el laboratorio de la Universidad de Boston coordinado por Goldstein (actuando con financiamiento federal y de los laboratorios).
Abundaron las presentaciones sobre el sildenafil y sobre otras soluciones farmacológicas para los problemas sexuales femeninos. 
Llama la atención que los estudios de evaluación de la llamada "disfunción sexual femenina", en su totalidad abordaron esta temática con los mismos parámetros con que en años anteriores evaluaron la problemática de la disfunción sexual eréctil. Así flujometría vascular genital por Doppler y ultrasonografía, análisis del pH vaginal, volumen presión vaginal, percepción vibratoria en vagina, estimulación sexual con estímulos visuales y autoestimulación, aplicación de alprostadil tópico en clítoris para inducir el aumento del flujo sanguíneo genital.
Se desprende de los trabajos presentados en dicho Congreso que lo importante, al igual que en los varones, es el flujo sanguíneo, tanto vaginal como clitorídeo y la solución de los problemas sexuales femeninos es incrementarlo.

Comentando esta reunión la Dra. Leonor Tiefer asevera: “El mayor interés de esta Conferencia fue el de las compañías farmacéuticas en un intento de capitalizar el éxito obtenido con el Viagra, en los varones, promoviéndolo para ser usado en la sexualidad de las mujeres (4). Según Tiefer, el criterio que siguen estas empresas para detectar su objeto de estudio, excluye a mujeres con trastornos psicológicos o relaciones de pareja problemáticas, lo cual desvirtúa considerablemente la investigación. Cualquier evaluación que se haga sobre los trastornos sexuales femeninos debe centrarse menos en el plano físico y más en los aspectos psicológicos, relacionales o socioculturales relacionados con el sexo. 
Una de las participantes de esta Conferencia, la Dra. Sandra Leiblum, siquiatra y ginecóloga de la Universidad de Medicina y Odontología de New Jersey sostuvo que el modelo propuesto por el DSM IV es heterosexista y basado en una norma coital falocéntrica. Intentó agregar una nueva entidad diagnóstica al esquema: "trastorno de la satisfacción sexual," como manera de  reflejar la principal preocupación de las mujeres.
Su sugerencia no fue aceptada por considerar que la misma generaba más problemas que soluciones. En cambio, se agregó el requisito que cada disfunción genital para ser diagnosticada como un trastorno del orgasmo o de la excitación debía producir "angustia". Se intentaba así evitar estigmatizar a las mujeres que no se preocupan por ello. Pero el resultado es confuso ya que si la angustia no está presente la categoría clínica deja de existir. La nueva clasificación no difiere de manera fundamental con la anterior y por tanto mantiene la confusión entre problemas sexuales y patologías.

En estas investigaciones el deseo sexual femenino parece ausente o poco importante. Revisando, de este Congreso, el test "Female Sexual Function Index" (FSFI) propuesto para investigar sentimientos y respuestas sexuales, sobre deseo sexual solo hay 2 preguntas que apuntan a frecuencia y niveles, desconociendo la importancia de los componentes específicos de la mujer en la construcción de su deseo sexual. En cambio el resto de las 19 preguntas se refieren a excitación local, penetración, lubricación vaginal y dolor.
¿No será que los términos de la respuesta sexual femenina están confundidos con los de los varones y usan, los mismos instrumentos de medición y los mismos parámetros usados en sexualidad masculina?
Es difícil clasificar problemáticas que no obedecen a una sola causa como lo son los problemas sexuales donde los componentes diádicos, psicológicos, culturales y sociales se entretejen en una complicada red que es necesario tener en cuenta para buscar soluciones al problema. La sexualidad femenina tiene mucho más que ver con el contexto que la masculina y ser determinantes a la hora de etiquetar disfunciones sin conocer a fondo los problemas interpersonales, puede conducir a diagnósticos erróneos.

Química para el sexo

Me propongo en este apartado repasar sintéticamente lo que se sabe en la actualidad tanto sobre las drogas producidas por nosotros mismos que colaboran en el mantenimiento del encuentro sexual, como las drogas (productos químicos sintéticos y naturales) que la industria farmacéutica ha desarrollado para el área de nuestra conducta sexual y reproductiva específicamente.
Uno de los avances mas importantes de la investigación biotecnológica es haber permitido un mayor conocimiento de cual es la química que acompaña a toda actividad sexual y que también en gran medida es productora de nuestros sentimientos.
Existen una cantidad de drogas y sustancias que activan nuestras emociones sexuales fluyendo a través de nuestras venas y arterias y bañando e inundando el cerebro.
Theresa Crenshaw (5) llama a la DHEA (dehidroepiandrosterona) “la madre de todas las hormonas, la mayoría de las hormonas sexuales derivan de ella. Está involucrada en la producción del deseo sexual, el  orgasmo y la seducción”.
Las feromonas, esas señales sexuales transmitidas de un individuo a otro, derivan de la DHEA. Es sabido que el efecto subliminal que ejercen en nuestro sentidos sexuales, influye a la hora de elegir un compañero. 
La oxitocina, se manifiesta a través del contacto piel a piel. Tocamos a otro y sus niveles se elevan. Es la responsable de mantener unidos a los que se aman. 
La feniletilamina, la llamada “molécula del amor” es una sustancia anfetamínica natural, que surge fuertemente durante el enamoramiento. 
Los estrógenos, hormona femenina por excelencia, son los responsables de la suavidad, de la dulzura tanto emocional como física. Convierten a las mujeres en mas atractivas para los hombres que pueden percibirlo de maneras muy sutiles como a través del olor de la mujer y de maneras visuales explicitas como el desarrollo de los senos producido en respuesta al estrógeno. Gobiernan los aspectos receptivos de la conducta sexual femenina.
En cambio, la testosterona, es la responsable de los aspectos agresivos del deseo sexual.  Nos hace buscar, iniciar y concretar sexo. Estimula directamente el deseo sexual en ambos sexos. Es un potente afrodisíaco pero también es responsable de despertar estados de agresión, competencia y violencia. Crenshaw la llama “la hormona de la guerra”. Tiene un efecto antidepresivo pero también es capaz de hacernos sentir enojados e irritables.
La serotonina, es un neurotransmisor llamado por Crenshaw, nuestro amigo de doble personalidad. Altos niveles aplacan nuestra sexualidad, mientras que bajos niveles la intensifican.
Personificando al deseo y al placer, encontramos la dopamina, neurotransmisor que nos produce placer de cualquier clase. Sin dopamina nos aplastamos. No anticipamos placer, perdemos entusiasmo, excitación y exhuberancia. La dopamina es el común denominador de la mayoría sino todas las adicciones, desde la cocaína al alcohol. Como su papel principal es promover la anticipación de placer, generalmente incrementa nuestro interes sexual. Mas importante aun, la dopamina nos mueve, literal y figurativamente. Cuando queremos algo es la dopamina la que nos conduce al auto o a la cama, para conseguirlo, en lugar de quedarnos  sentados pensando en ello. (Crenshaw, 1996).
Por el contrario, la progesterona actúa matando el interés sexual, reduciendo los niveles de testosterona en ambos sexos. Ha sido usada con éxito en el tratamiento de los ofensores sexuales pero hablando de mujeres es importante recordar que Norplant y otros anticonceptivos la tienen como su mayor ingrediente: con las características negativas predecibles en la libido de las mujeres que la consumen.
La prolactina es una hormona suave asociada con el amamantamiento. Cuando entra en acción durante el embarazo y la lactancia disminuye notablemente el impulso sexual de las mujeres. Otro tanto sucede con los hombres cuando desarrollan niveles anormalmente altos de prolactina: pierden el deseo sexual y la capacidad erectiva. Para ambos sexos cuando la prolactina retorna a sus niveles normales se recupera el interés y la actividad sexual. Es interesante tener en cuenta los efectos “naturales” que la prolactina ejerce sobre las mujeres en períodos largos de su vida y considerarlo en la consulta sexológica cuando la paciente está embarazada o en lactancia.
Asegurando nuestros lazos monogámicos aparece una molécula muy particular, la vasopresina. Trabaja cercana a la testosterona modulando la conducta sexual masculina, evitando que alcance extremos demasiados fogosos, tiene una influencia atemperante y en realidad es la hormona que regula la temperatura en los humanos y también en los animales que hibernan.
Son todas estas hormonas y neurotransmisores las llaves que se ponen en juego durante el encuentro sexual. Y si bien cada una tiene sus características particulares, lo mágico sucede cuando interactúan unas con otras, creando ciclos y picos que alternativamente nos distraen y nos atraen.

Y hablando de mujeres no podemos dejar de mencionar lo investigado y actuado con respecto a drogas de uso en la menopausia.
Si bien las terapias de reemplazo hormonal fueron consideradas de prescripción casi imprescindible para las mujeres que transitaban por la menopausia, las investigaciones de los últimos tiempos han desatado una polémica con respecto a la pertinencia de seguir usando las terapias de reemplazo hormonal.

 Un estudio, publicado por The New England Journal of Medicine, (marzo, 2003) del cual participaron más de 16 mil personas, debió interrumpirse cuando se detectó que las pacientes que ingerían estrógeno y progesterona enfrentaban un alto riesgo de tener cáncer de mama en el quinto año de uso. También se determinó que la terapia aumentaba el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, una apoplejía o coágulos sanguíneos (6). Otra informe dado a conocer por The Journal of the American Medical Association (mayo 2003, afirma que la combinación de terapia con estrógeno y progestina se asocia con un aumento del riesgo de infarto y demencia sin mejoramiento alguno de la función cognitiva. Esta afirmación surge de una investigación financiada por laboratorios como Wyeth, Pfizer, Duramed, Eli Lilly, GlaxoSmithKline, Merck, Proctor & Gamble, Ortho-McNeil, Bristol Myers Squibb, 3M, Organon, TAP, Abbott, Astra-Zeneca, MSD, Boehringer Ingelheim, Novartis, and/or MGI Pharma. (7).
Lo que en otras épocas fue considerado como tratamiento imprescindible para mujeres menopáusicas, hoy es sumamente cuestionado. Son necesarias nuevas investigaciones que pongan énfasis en las necesidades reales de las mujeres y en el conocimiento de su funcionamiento normal, mas que en los intereses de la industria farmacéutica.
Posiblemente mantenerse física y mentalmente activas sea el tratamiento más poderoso que se puede encontrar para mejorías en la calidad de vida y no aumentar el riesgo de cardiopatía, derrames y cáncer de mamas.

Durante estos últimos seis años hemos visto un incremento de las investigaciones randomizadas, los tests clínicos y el intento de aplicación de terapia farmacológica para resolver los problemas sexuales femeninos.
Demos una mirada a lo que ocurre con los intentos de encontrar drogas que mejoren, intensifiquen y acrecienten la respuesta sexual femenina. En principio ha habido un intento de utilizar drogas efectivas en la solución de problemas sexuales masculinos, aplicándolas a la resolución de problemas sexuales femeninos.
Con ese objetivo, en este último tiempo se han desarrollado y experimentado en mujeres, diferentes fármacos: alprostadil; un preparado tópico de aminofilina, dinitrato isosórbido y mesilato co-dergocrino; los psicoestimulantes metilfenidato y dextroanfetamina; efedrina; bupropion y otros antidepresivos y ansiolíticos; apomorfina; oxitocina; testosterona y otras hormonas. También ha habido un intento de encontrar soluciones mecánicas como la bomba de vacío EROS CTD.
En estos días están surgiendo, en fase de investigación, medicamentos para facilitar el orgasmo en mujeres. Se trata de una droga de aplicación nasal: el PT 141. "El punto crucial sobre el PT-141 es que toma como blanco directo al centro de excitación del cerebro y tiene posibilidades de modificar el interés sexual", explicó el Dr. Carl Spana, presidente de Palatin Technologies, en New Jersey. (8).
Recientemente se han desarrollado diversas herramientas que se asocian al examen físico y psicológico, como medir los niveles hormonales, el valor de la acidez vaginal, medir la sensibilidad clitoridiana y labial, determinar la capacidad de relajación vaginal, examen Doppler de circulación clitoridea, evaluación de la excitación y del flujo sanguíneo en la zona genital. De esta manera se intenta determinar qué respuesta fisiológica es la normal en función de cada edad.

 

 
 
Bookmark and Share
Contáctenos

info@depsicoterapias.com 

Tel. 11-3979-6647

Auspiciantes
Terapias de Avanzada EMDRIA Latinoamérica - Asociación Civil Centro de Terapia Cognitiva Primer Programa Argentino de Formación en Primera infancia y Crianza Fundación Arché Instituto Universitario CEMIC Centro de Investigación y Psicoterapia Aplicada Fundación Aiglé Hemera Clinicar Rolta
Imprimir
Recomendar
Consultas al autor
Mostrar Biografía del autor