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  Hablar de Celes Cárcamo es hablar paralelamente del nacimiento del psicoanálisis argentino.

Cárcamo nació en la ciudad de La Plata el 11 de agosto de 1903 y murió en 1990, en Buenos Aires, a los 86 años. Sus antepasados españoles, franceses y argentinos, tenían una fuerte vocación médica, en la rama paterna hubo siete generaciones de médicos y profesionales vinculados a la medicina. En él se desarrolló también esta vocación. Se recibió de médico. Era muy culto, un lector apasionado e incansable; hizo cursos libres de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras; y fue también médico homeópata; le atrajo la homeopatía porque era una disciplina que buscaba comprender al hombre como totalidad; su entusiasmo por el psicoanálisis se debía justamente al enfoque integrativo del cuerpo y la mente.

Comenzó su práctica médica concurriendo al servicio de Clínica Médica del profesor Mariano Castex, en el viejo Hospital de Clínicas. Allí conoció al Dr. James Mapelli, un activo psicoterapeuta italiano que hacía una terapia hipnótica. Tan estimulante le resultó su influencia, que se agregó al grupo que Mapelli reunía en su casa.

Comenzó a interesarse por la psicoterapia y a leer todo lo que encontraba a su alcance; naturalmente se entusiasmó con la obra de Freud, que en 1930 llegó a Buenos Aires.

Inmediatamente comprendió que para formarse tenía que ir a Europa; y se decidió por París, porque el francés, que ya hablaba fluidamente, era el idioma más parecido a su lengua materna. Fue, por consiguiente, el primer médico argentino que fue a Europa a buscar el psicoanálisis.

Transcribo algunos párrafos de una biografía que escribió Ivonne, su esposa, y que, gentilmente, me cedió.

“Estando en París, Celes un día resolvió ir a Viena para visitar al Dr. Freud que lamentablemente no pudo entrevistarlo por estar enfermo; allí encontró, entre otras personalidades, a Anna Freud y Marie Bonaparte, Princesa de Grecia, con quienes estableció una buena relación, la que con el tiempo se convirtió en una gran amistad.”

“Cuando le comentó que pensaba hacer su análisis didáctico con Paul Schiff, Marie  Bonaparte le dijo que “había procedido acertadamente “ y que no podía haber elegido mejor maestro.”

“Paul Schiff era médico, psiquiatra, criminalista, abogado y psicoanalista. Poseía una vasta cultura, pertenecía a esta categoría de profesionales que hizo escuela en la Sociedad Psicoanalítica de París de aquella época. Se había formado en Viena y fue él, también, uno de los fundadores de la Sociedad Psicoanalítica de París.”

“Los controles de Celes fueron Charles Odier y Rodolfo Loewenstein (que en esta misma época analizaba a Lacan), a quienes recordó siempre con gran afecto, así como a los doctores de Saussurre, Laforgue, Allendy, Pichon Dolto Marette, Parcheminay, Hesnard, Dalbiez, etc. y con Marie Bonaparte con quien compartió la amistad y con la que, de vuelta a la Argentina, solía cartearse. Todos pertenecían al Cuerpo Docente del Instituto.”

“El Instituto de París era tranquilo, la gente que allí concurría era gente serena, existía una gran camaradería entre ellos, pero cada uno conservaba su lugar. Como se estudiaba mucho, solían encontrarse en seminarios, conferencias o bibliotecas. Con los profesores el trato era más bien ceremonioso, se respetaba mucho al maestro.”

“Tenía muchos amigos pero simpatizaba especialmente con un tal Sachs con el que solía reunirse para estudiar.”

“Al mismo tiempo que seguía los cursos del Instituto de Psicoanálisis, asistía al servicio de Psiquiatría de Henri Claude en el Asilo Sainte Anne y al de neurología de Guillain, y junto con Rof Carballo, iba a La Salpétriere. Concurrió también al Servicio del Profesor Guiraud donde conoció a Henri Baruk. Me acuerdo haber acompañado un día a Celes y haber visto al Profesor con su famosa paloma (que solía llevar sobre el hombro).”

“Tuvo la oportunidad de conocer a grandes personalidades de la Medicina, a Henry Ey, al Profesor Delay, a los profesores Minkovski,  Levy Valensy, Dide, etc.. Su estadía  en Francia fue verdaderamente enriquecedora, cultural y científicamente.”

“Además de Sachs, candidato como él a Miembro Adherente, trabó amistad con Lacan y sobre todo con Sacha Nacht.”

“Pero los grandes amigos fueron Marañon, Jimenez, Diaz y Rof Carballo, con los cuales se solía reunir en algún café del barrio latino y eran entonces charlas interminables. De todo se hablaba y se aconsejaban mutuamente; estando alejados de su patria, necesitaban este calor afectivo que sólo se consigue a través del mismo idioma.”

“La amistad con ellos perduró durante largos años, sobre todo con Jimenez, Diaz y Rof Carballo.”

“Y también, en París, se reunió con Ernesto Sábato, amigo platense, en estos cafés del Brd St. Michel. En una entrevista que un redactor de “Noticias” le hizo el 17 de julio de 1993, Sábato habló casualmente de una de las tantas reuniones con Celes en este lugar tan parisino dice ‘Tuve antes de la guerra una larga conversación, en un café de París, donde iban los surrealistas con el Dr. Cárcamo, uno de los fundadores de la Sociedad Psicoanalítica. Un gran tipo, muy inteligente y generoso. Quería salvarme de mi evidente locura. Con mucha preocupación mirándome a los ojos, me dijo: “Sábato, Ud. tendría que psicoanalizarse enseguida”.

“La mayor parte de nuestro noviazgo lo pasamos en el Museo de L’Homme revisando y compilando códigos y libros en distintos idiomas sobre el origen del mundo, la protohistoria , la religión del hombre primitivo, especialmente de centroamérica. Celes estaba preparando un trabajo de psicoanálisis aplicado, el Dios-Serpiente con plumas de la religión maya-azteca y el sacrificio humano. Ibamos a otros museos, pero fue en el Museo de l’Homme donde más y mejor material encontró.”

“En un café de París, lugar habitual de reunión en aquellos años, Rof Carballo un día le dijo: “Te voy a presentar un amigo español psicoanalista”. Se lo presentó, era Garma. Se reunieron de vez en cuando y en una oportunidad Garma le preguntó ”¿Usted cree que en la Argentina hay posibilidades para hacer psicoanálisis?”.

“A lo que Celes contestó que él había venido a París para estudiar neuropsiquiatría y hacer un training en Psicoanálisis a fin de ejercerlo en Buenos Aires y le ofreció compartir esta misma experiencia.”

“Algún tiempo después, luego de haberlo pensado, Garma le pidió que le diera direcciones de médicos en Buenos Aires, porque estando casado y con familia consideraba necesario, antes de tomar una decisión, ir solo a Buenos Aires para pulsar el ambiente médico y averiguar las posibilidades de trabajo.”

“De regreso a París, ya decidido a instalarse en Buenos Aires, se reunían en una u otra casa para planear la futura labor psicoanalítica, su organización, los requisitos para formar el grupo, en fin todo lo que significaba semejante empresa.”

“Las primeras reuniones científicas se realizaron en nuestra casa de la calle Perú 1655. “El núcleo creció progresistamente y en el 42 se formó el grupo. Entonces Celes le escribió a Jones, así como Garma aparte, anunciándole esta noticia y solicitándole que les reconociera como asociación”.

“Al poco tiempo Jones le contestó notificándole que el grupo estaba aceptado y reconocido como Asociación, filial de la Asociación Psicoanalítica Internacional.” (Ver carta original y traducción  en el archivo adjunto).

Cárcamo analizó a Luisa Alvarez de Toledo, a Guillermo Ferrari Hardoy, a Alberto Tallaferro, y a Luis Raskovsky,  y supervisó a Marie Langer, que había hecho su análisis en Alemania.

Garma, por su parte, analizó a Enrique Pichon Rivière y a Arnaldo Raskovsky. Cada uno supervisaba los pacientes del otro.

Fue el segundo presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Yo me pregunté con algunos colegas por qué no habrá sido el primero; conversando con el Dr. Roberto Doria Medina Ponce, me informó que le habían ofrecido que asumiera la primera presidencia pero que él no aceptó porque consideraba que había que agasajar al invitado.

Fue socio de honor de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

En 1986 recibió el premio Konex de Platino, por su tarea pionera en nuestro psicoanálisis.

Yo formo parte del último grupo de sus analizandos. En el curso del análisis surgió mi deseo de fundar una institución que fomentara la difusión del psicoanálisis en nuestra zona.

Ya concluido el análisis, me recordaba a menudo mi proyecto, porque le parecía que se estaba dilatando, cosa que, en realidad, no fue así; pero él sólo era el que sabía de mis temores vinculados con las transferencias, en una situación en la que me exponía como directiva de una institución y por mi participación en los medios. Me hablaba entonces de su propia experiencia fundante, y, me decía que así eran siempre los grupos iniciales; y me ayudaba a seguir adelante.

Una vez le pregunté por qué se ocupaba tanto de la fundación del Centro; directo y conciso como solía ser, me contestó: “por dos motivos: primero porque Ud. desea extender el psicoanálisis al Sur, y creo que tiene la fuerza y la libertad interior necesaria para sostener el proyecto; y es saludable desarrollar las aptitudes auténticas. Segundo: porque yo nací en La Plata y aunque la vida me alejó de ella, conservo afecto por mi ciudad natal, y, me gustaría que algún día el psicoanálisis llegara allá, también a través de alguno de mis discípulos”.

Recuerdo que me decía que pusiera especial atención en evaluar los rasgos de carácter de los integrantes del grupo, y de los profesores: y que tuviera en cuenta, especialmente, las condiciones intelectuales, morales y la solidaridad”.

Cuando le comentaba la confusión que reinaba en la zona en relación al psicoanálisis, me decía que ello se reparaba difundiéndolo dignamente tanto en los cursos como en los medios de comunicación locales; enfatizaba la importancia del buen nivel científico y comunicacional, decía “cuiden la calidad porque el peligro de la vulgarización está vigente”. Sus reflexiones son a menudo recordadas y aplicadas por mí y constato, cada vez más, cuanta sabiduría contenían.

Evocar su serenidad, su fuerza y su actitud comprometida, constituye para mí un permanente foco de vitalidad.

Cárcamo también apoyó y orientó al Dr. Roberto Rocca en su interés por el método de Desoille. Pensaba que sus características personales lo hacían especialmente apto para dicho método. Método que el conocía porque su curiosidad lo había llevado a experimentarlo en él con el propio creador del método: con Desoille.

Lo vinculó con el grupo francés y cuando el Dr. Rocca y un grupo de colegas fundaron la “Sociedad Argentina de Sueño Despierto” los honró con su presencia, fue uno de los oradores del acto inaugural, y el primer socio honorario.

Como pueden apreciar Cárcamo fue una presencia fundamental, también, para nuestro quehacer científico.

Su nombre en nuestra institución testimonia, más allá de nuestro afecto, el compromiso de sostener sus ideales.

 

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Carta de Ernest Jones a Celes Cárcamo -
Traducción de la carta de Ernest Jones a Celes Cárcamo -
 
 
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